Los Yo La Tengo regresan con aires imponentes al mercado musical, dejando atrás las intercaladas opiniones de buen y mal calificativo –me refiero a su anterior disco de estudio, ‘Sumer Sun’-, para disfrutar únicamente de un mejor adjetivo… excelente. Y no sólo yo pienso que el disco es genial, pues se ha formado un epíteto universalizado en la mayoría de los medios de comunicación relacionados con la cultura pop underground independiente.

Cada tema que forma parte de este “I Am Not Afraid of You and I Will Beat Your Ass”, representa una pequeña historia, un fragmento de las vidas de Georgia, Ira y James. Apartándonos del estilo de cada canción y concentrándonos en sus espíritus, logramos captar un desprendimiento de los temas en sí, significando un segmento más de la amplia lista de 15 tonadas, adaptadas a un estilo narrativo de retrospectivas personales.

Los músicos de Hooboken saben muy bien cuales son sus defectos y virtudes, y esta vez decidieron no equivocarse. Al mismo tiempo, se arriesgaron a indagar con canciones de etapas un tanto más estructuradas, acariciando tenues trazos de complejidad instrumental.

Excelente abertura es “Pass the Hatchet, I Think I’m Goodkind”, épica entrega de mega potencia rítmica que dura alrededor de 10 minutos. Un infinito riff se ajusta con deliberada química a los neo-psicodélicos arreglos de las cuerdas y a las espectrales voces que Georgia emite de vez en cuando, sin perder el pegajoso ritmo en los tambores. Un tema de lujo.

Pasamos a “Beanbag Chair”, y de golpe reparamos en cuán disímil es del track 1 esta canción. Te desconciertas, pues esperas más guitarras, más locura, como si esos casi seiscientos segundos de espesa experimentación no nos hubiesen bastado. Sin embargo, de a poco –al avanzar las pistas- vas comprendiendo cuál es la idea de estos gringos. Como decía anteriormente, en vez de alocadas guitarras recibes una mansa dosis de blandas trompetas, y eso cambia toda la onda del tema… no obstante, ¡Gusta! Y mucho. Lo más admirable es el velo que se crea entre las dulces voces y la música de fondo. Una canción realmente maravillosa.

Y puedes continuar más maravillado aún si mantienes los parpados cerrados algunos segundos y dejas que “I Feel Like Going Home” se apodere de tu sentimentalismo. Georgia destila una profunda composición, hecha a piano y violoncelos, que produce una tristeza y melancolía tremenda, un punto a favor sin duda. Pero al final, en el momento donde comienza el ‘outro’ y se embute la guitarra en acompañamiento del piano, provoca una diminuta inquietud y, por lo menos en lo que a mí respecta, dan ganas de pasar pronto al siguiente tema, me incomoda e impacienta aquel término.

No puede haber una canción más dulce y a la vez bailable que “Mr. Tough”. De agradable melodía y con una inconfundible voz de Ira, “falseteando” la tonada con ternura y buen compás. Es imprescindible el uso del piano en esta copla, de hecho el disco entero se basa tanto en bases y arreglos en las teclas, ya sean clásicas o sintéticas. Esta canción es de esas que te recuerda una mañana soleada y una sonrisa en la cara que sabes que durará por un buen rato.

“Black Flowers” es tan genial como esos temas de The Beatles que nunca fueron tan famosos, pero que en el fondo tú sabías que eran los mejores. ¿Ejemplos? “For No One” del disco ‘Revolver’, ese tema era espectacular, no obstante nunca brilló más de la cuenta por la cantidad de “buenos” cortes que tenía tal disco. Acá pasa lo mismo, “Black Flowers” es hermosa, una conquistadora armonía que James se autodescubre y ejecuta de manera sutil, expresando nostalgia, felicidad y apenada melancolía, todo al mismo tiempo. Una de las razones que me llevan a escoger “For No One” como ejemplo, es que en estas “Flores Negras” aparece un sonido muy característico de los Fab Tours –siendo algo más específico, un sonido en el teclado eléctrico parecido a un mini trombón-, lo que me transporta inmediatamente al pop sesentero que ellos construían rebalsando los límites conceptuales de la emoción y la calidad preposicional. Bueno, James y compañía hacen lo mismo, y me atrevo a decir que incluso alcanzan el mismo nivel que los melenudos, pues los pelos de mis brazos se erizan sin titubear.

Ya vamos en el quinto tema y me detengo a cavilar. Todos los temas poseen una estructura más o menos distinta, y perfectamente podrían ser cada una de diferentes autores. Eso es lo mejor que puede hacer una banda como Yo La Tengo a estas alturas; me refiero a un conjunto Indie Rock Independiente que posee alrededor de unos veinte años de vigencia inserto en el mundo sonoro, siendo este su disco de estudio número 13.

Continuamos auscultando este “I Am Not Afraid of You and I Will Beat Your Ass” atentamente, y ahora es el turno de “The Race Is on Again”, una canción que sin duda recuerda al Yo La Tengo clásico, jovial, auténtico. Las voces pasivas, y sus correspondientes juegos de resonancias que suenan como eco de trasfondo, convierten esta pieza en una interesante muestra de reencuentro artístico, elaborando aquellas tendencias de un estilo ya manoseado anteriormente en un compilado de “nuevas canciones”, por así decirlo.

Otro desemejante pasadizo nos encara, “The Room Got Heavy”. De cavernosas cadencias, esta canción representa una sombría y a la vez -de una u otra forma- bailable (a mí se me ocurren algunos pasos) noción de desconcierto e incertidumbre, con excelentes sonidos y destacados efectos escogidos con bastante precisión.

En “Sometimes I Don’t Get You”, Ira otra vez invoca a ese personaje que entona su voz con singular personalidad en “Mr. Tough”. Una dulce voz con delicados retumbos que se desvanecen en el piano y los demás instrumentos, me vuelve a transportar a inciertos pasajes románticos y sensibles de mi mente.

Si bien, este LP contiene gran cantidad de temas destacables, existen también los que no los son, como “Daphnia”, que definitivamente no es uno de ellos. Por más que intente aceptar la idea de su instrumentalidad experimental, no consigo rescatar muchos puntos a favor de esos 8 minutos con 51 segundos. Me imagino que la idea es forjar un ambiente de magia mística, con sonidos de cristales y gemidos marinos. Pues bien, si es así entonces lo logran con demasía. El tema provoca eso y más, lo malo es que después de los tres minutos te saturas de tanto “encantamiento” preciosista y ya quieres ver cuanto falta para que acabe, y es justo allí cuando te llevas la sorpresa de que restan unos seis minutos más de lo mismo.

Luego llega “I Should Have Known Better”, y ya veo que de nuevo este trío suelta las riendas y con rebeldía exhorta un rock más adherido a lo que solían hacer cuando eran unos novatos en la música, cuando sus expectativas se concentraban en disfrutar haciendo punk rock muy al estilo setentero, pero sin dejar de subrayar sus propias características como banda. Pero las ganas de girar por todos lados distorsionadamente no acaban aquí, pues la muy “ramonera” “Watch out for Me Ronnie” se encarga de seguir bombeando pura adrenalina a tu sistema cardiaco… jejeje.

Ahora conviene calmarse con el relajante sonido que emite “The Weakest Part”, pues Georgia nos vuelve a susurrar una hermosa mini-sinfonía en los oídos. Con la ayuda de james e Ira la cosa se pone mejor, creándose un círculo invisible de lindos juegos vocales. Después, “Song for Mahila” aporta lo suyo, utilizando una bella conjunción de suaves guitarras y un frágil piano. Este tema es sinceramente encantador, y escuchar dos temas bien rockeros y posteriormente dos de composición más delicada… siempre es bueno, se disfruta mejor.

“Point and Shoot” no es la gran cosa, pero se deleita igualmente. Eso sí, esta vez la voz se torna más floja, y no acompaña debidamente a la destacable música de trasfondo. Cabe destacar el ingenio de estos “cabezones” músicos, al fusionar de manera increíble una variedad de herramientas sonoras y múltiples ritmos.

Y seguimos con la temática “épica”, esta vez finalizando el álbum… “The Story of Yo La Tango”. Un notable evento musical de casi 12 minutos, con grandes momentos de comienzo a fin. Explosiones divinas de puro Indie Rock te hacen sentir enamorado otra vez, joven, y por sobre todo feliz. Muchos creerán que este tema posee un error gramatical, pues si tomamos en cuenta el nombre de la banda, debió haberse llamado The Story of Yo La “Tengo” y no “Tango”; no obstante, los norteamericanos afirman que no hubo ningún error, el tema se llama así, “The Story of Yo La Tango”… y déjenme decriles que es de lo mejor del disco. Atractiva manera de abrir y cerrar un álbum más que jugado, con mínimas desventajas y abundancia de virtudes.

Pocas bandas hoy en día logran llamar la atención después de hacer tanto tiempo a grandes rasgos “lo mismo”. Yo La Tengo se reinventa y no decepciona en lo absoluto. Es más, me aventuraría en divulgar que es el mejor disco del año, lejos.

Por Sebastián Chávez Peña

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